Son nueve años que no estás, Enriquillo, ¡nueve años!

[Este texto lo escribí en 2006, dos años después de la partida, muy a destiempo, de Enriquillo Sánchez, poeta, escritor y amigo].Imagen

El Poeta se fue apresurado, como esas aves migratorias que presienten se aproxima el frío implacable. Puso proa al azul y naranja, con una sonrisa que había ensayado por más de media centuria. Se podía descubrir su rostro mientras jugaba confundido entre los caprichosos algodones. Iba desnudo, regalando esqueletos de hojas acorazonadas, perfumadas de filosofía y libros releídos, como si saliese de bares de mala muerte y caminara por estrechas callejas coloniales, con un puñado de memorias que luego devo(ra)ría.

Abajo quedábamos nosotros, absortos ante lo irremediable, confusos, abrigados por sus enseñanzas, corroidos por la rabia, con el estómago seco como hijo abandonado, con las ansias del amante interrumpido, como un niño que dejó caer su juguete de cristal. Acá quedó su balcón solitario, su Titaniun y sus perritas.

La vida casi sigue igual. Pero Enriquillo ya no llama para invitarnos a comer un sancocho que Cristi preparó, ni nos intima sobre su venerada madre. Los apagones no han variado, la dominicanidad sigue ahí, hirviendo en nuestros poros, pero Enriquillo ya no toma notas de esta ciudad y su realismo mágico. Y hasta hay olvido. El poeta se marchó. Y aunque su palabra anda ahí, sucia de tinta, parece que andamos muy de prisa con los aprestos del Metro y nuestra tardanza para entrar a las aulas del TLC como para recordar que Enriquillo ya no nos mira desde su acorazado balcón, bocetando genialidades que luego dibujaba con el dedo humedecido en whisky y perfumado con Marlboro.

Un julio 13 compró pasaje de ida y aunque mencionó la ciudad adonde iba, no dio detalles de su dirección completa. Y aquí hemos quedado esperando señales, que se pierden  entre el desasociego de una ciudad acorralada, sin quien le filosofe, sin quien le explique los fenómenos que deshace su humanidad. El poeta hace falta. Y aunque él quisiera que creyésemos anda cumbanchando,  verdad es que a uno le gustaría exigirle que se reporte a su puesto de mando.

Enriquillo dejó sueños inconclusos. Muchos. Se rindió podría decirse. Escapó. Pero aún así es fácil mirar su sonrisa pintada en el azul en las tardes tibias de agosto (¡los 25 inclusive se puede escuchar su voz grave si se pone atención a orillas del malecón, a eso de las 7:00 p.m.!).

Nueve años después, extrañamos al Poeta como el primer día de su partida.

 

 

Gerard Ellis: Entre aldeas

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[Este texto lo publiqué originalmente en la portada de la sección La Vida, de Listín Diario, el domingo 7 de julio de 2013] 
Gerard Ellis es un artista dominicano que ha ido creciendo con firmeza, asumiendo el arte como su vida misma, en una espiral de retos que logra, con cada trazo, ir conquistando. Su última exposición, abierta al público desde el pasado 30 de mayo en la galería Thomas Jaekel, en Nueva York, es una muestra inequívoca de la profundidad conceptual de su propuesta plástica, no obstante su cada vez más pronunciado abandono a los preceptos establecidos por la academia.

“Between Villages” (Entre Aldeas) es el nombre de su más reciente exposición, seis pinturas, en su mayoría de gran formato, en las que reitera su formidable dominio de los medios, con un uso indistinto de acrílica, óleo, lápices, tintas, collage o carboncillo, siempre sobre tela.

Es, si se quiere, la continuación, la parte siguiente de su anterior exposición “The land they transformed” (La Tierra que Ellos Transformaron), la exitosa muestra que Gerard presentó en marzo pasado en la feria de Arte VOLTA NY, representando a la galería Lyle O. Reitzel.

Como aquella, en su nueva producción Ellis se deja poseer, sin resistencia pero con la reciedumbre que le caracteriza, por su espíritu solitario pero crítico, su búsqueda de respuestas a las interrogantes que a menudo nos taladran puntos inimaginables de nuestra humanidad cuando, en medio de la cotidianidad nos llega el momento de cuestionar cómo nos hacemos víctimas-cómplices de costumbres y símbolos, que si bien permiten que el ritmo ascendente de la vida actual no se detenga, no nos indica con certeza el punto adonde nos dirigimos como entes de la sociedad.

Gerard critica, con inteligentísimo y dramático humor, el hecho abrumador de una sociedad que se ha plegado a necesidades superfluas, consumiendo sobredosis de información, que difícilmente puede saborear y digerir en su mayoría, dejándonos presa de la insensibilidad y el aislacionismo, amantes de piezas mecánicas coordinadas, virtuales, que en lugar de acercanos nos han ido distanciando de nuestro entorno y, a menudo, de nosotros mismos.

De ahí que Entre Aldeas sea una evocación de un espacio reducido en el que se busca tener al alcance un mundo alternativo a la jungla, la maraña de cables y botones que embelesa y no nos deja sostener la mirada frente al semejante.

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Muestra:
“Between Villages” (Entre aldeas)
se abrió al público el 30 de mayo de 2013, en la galería Thomas Jaeckel, de Nueva York, y aunque en un principio se clausuraba el pasado 29 de junio, su éxito exigió que se pospusiera para el próximo 11 de julio.

La galería Thomas Jaeckel representa la obra de un grupo de artistas de distintas nacionalidades, tanto emergentes como establecidos. Está ubicada en la número 532 de la calle West 25 de Manhattan, NY, en el barrio de galerías llamado Chelsea, comprendido aproximadamente entre las calles 18 hasta la 28 y entre las avenidas 10 y 11.

Además de numerosos talleres de artistas, allí se encuentran más de 350 galerías de arte, la mayor cantidad concentrada en un mismo barrio en el mundo, entre ellas, galerías de la talla de la Gagosian, David Zwirner, Hauser & Wirth, Pace, entre muchas otras.

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La obra de Ellis se afianza en Nueva York
El perro, el metal hecho engranaje, piezas de máquinas, los íconos de una niñez a la que el artista frecuenta en busca de respuestas, unas veces, y refugio, otras; el frío que como metáfora de la distancia y la soledad está presente en cada una de estas pinturas. El animal, si bien es mezcla de monstruo-mascota-máquina, es quien posee la vitalidad, toma el control, la iniciativa, frente al hombre que más que guiar a la bestia parece dejarse arrastrar por la máquina que lo posee.

“Siento a veces deseos de perseguir una tranquilidad y una sencillez que creo existe en esta aldea imaginaria. Me hace recordar cómo en nuestras infancias, no existían responsabilidades, nuestro único propósito y deber era jugar, libres de preocupaciones”, reflexiona el artista.

En su obra ingresa con fuerza la sinergia que le ha afectado en los últimos tiempos, donde los hilos del destino parecen manejados por la mano ociosa de un jugador cruel e inocente a la vez: la pérdida vital, esencial, herido el amor filial, pero que en cambio le estrena con una paternidad que asume y le renueva la vitalidad que por un momento se le escapaba. Una época que inevitablemente le afectará y que por tanto se manifestará por mucho tiempo en sus proyectos pictóricos.

“Es esto, es un oscilamiento constante entre dos puntos, emocional y mental, buscando incansablemente un equilibrio entre uno y otro”, sentencia.

Un año muy productivo
El mercado del arte contemporáneo es muy complejo en Nueva York, y para un artista es buena señal que las ofertas, ya sea para participar en colectivas, ya para individuales o en concursos y bienales, no cesen, y en ese marco, para la carrera de Gerard Ellis representa un paso muy importante la exposición Entre Aldeas, pues la galería Thomas Jaeckel está ubicada en un circuito de salas en las que ha coincidido en tiempo con las exposiciones de importantísimos artistas como Anselm Kiefer, Jeff Koons, Paul McCarthy, Ellsworth Kelly, entre otros.

Pero Gerard es un artista que no se detiene, ni ante la adversidad ni ante el éxito momentáneo. Es evidente el sólido ascenso internacional de su carrera, y no hay silla que le invite a parar y él acepte. Cada día es una posibilidad, cada posibilidad es un reto que persigue y vence. En los primeros cinco meses de 2013 ya ha realizado dos exposiciones, y la crítica y el público han recibido con beneplácito sus propuestas.

De la mano de la galería Lyle O. Reitzel, con la que ya llega a los diez años de exitoso “maridaje”, Ellis ha logrado volcar la mirada de la más exigente crítica de Nueva York y, por consiguiente, de importantes coleccionistas que no pierden la oportunidad de adquirir una obra que bien saben no para en su evolución creativa.

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GERARD, UN ARTISTA EN CONSTANTE EBULLICIÓN
Gerard Ellis nace en Santo Domingo en 1976. Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes y de la Facultad de Artes de la UASD. Seleccionado para participar en la 6.a edición de “SFiles”, Bienal del Museo del Barrio, NY, 2011.

Asimismo, en el 2007 fue invitado a participar en la IX Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador, y en el proyecto de Arte Público Sarmiento, en la ciudad de Santo Domingo. Participó en colectivas en el Nassau County Museum of Art, NY, así como en el Centro Cultural del BID y el Instituto Cultural Mexicano, ambos en Wahington, DC. Su obra ha estado presente en la Bienal Nacional de Artes Visuales y el Concurso de Arte E. León Jimenes, recibiendo premio en la edición XX de dicho concurso.

Con la galería Lyle O. Reitzel ha estado en ferias internacionales de arte contemporáneo como VOLTA NY, Scope NY y Miami, KIAF en Korea, Pinta NY, ARTEBA en Argentina, en Bruselas, en Puerto Rico y en muchas colectivas.

Su obra está en la colección permanente del Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach, California, Fundación para la Pintura en Canarias, España, The Scott and Julie Latham Foundation en Rhode Island, el Museo del Dibujo Contemporáneo de Santo Domingo, el Congreso Nacional dominicano, así como en colecciones privadas en Santo Domingo, Nueva York, Londres, Miami, España, Panamá, Venezuela y Puerto Rico.

Laboró por unos años para LISTÍN DIARIO y otros diarios, en los que su trabajo fue galardonado con tres premios a la Excelencia por la Society of News Design.

Derecho a amar. Derecho a dejar de amar.

Frente al mar de las dudas.soledad.jpg

Hace poquito, me saludaba vía Facebook una joven doctora, amiga y complueblana. Me disparó, como quien espera agazapado entre matorrales, escopeta sobada, a que pase la presa. Me preguntó que cómo iba eso de “emparejarme”, por la novia y esas cosas. Respondí sin titubeos que “fracasé” otra vez. Y a ella le pareció rarísima mi respuesta, por lo fácil y dispuesto que talvez le parecí.

Probablemente una de las enseñanzas que adquirí en mi camino de éxitos y fracasos en ese mundillo de locuras que es la relación de parejas, es que sólo el amor debe unir, y si este se esfuma, entonces no vale la pena nada, lo cual no significa no deba luchar por retener a quien se ama. Esta convicción me ha valido para superar las garras del desamor, y para rescatar lo que casi nunca se pierde, que es una dosis significativa de cariño, marcado por el respeto a la humanidad de la ex pareja, y una pizca de nostalgia, que bien manejada, ayuda a la amistad a sobrevivir. Comprendí que casi siempre se puede ser amigo o amiga de quien fue pareja. El tiempo se encarga de aplacar los demonios del desamor, y combate el rencor. Seguir leyendo

¡Amayita, la chiquita… la chiquita de papá..!

¡Amayita, la chiquita… la chiquita de papá..! Cuando era muchacho me gustaba caminar en solitario por los senderos de los mon¬tes a veces frescos y otras calurosos de Los Arroces. Me servían esas caminatas para soñar, para meditar y para darle forma al futuro que anhelaba. Entre esas reflexiones y tomas de decisiones estaba la composición de mi familia. Me decía que casaría una sóla vez (¡y me he divorciado dos!), que haría todo de manera que con quien me casara fuera mi eterna compañera. Pero lo que ahora más me extraña es que a esa edad, entre los 9 y los 13 años, quería tener dos hijos, sí, DOS HIJOS (¡y tengo dos hijos y TRES HIJAS!). Seguir leyendo

Asesinato dos por uno

Tía Juana, hermana de mi madre, sucumbió ayer viernes 6 de mayo ante su enfermedad y ante la ineficacia, la complicidad policial y judicial, y ante la delincuencia y la violencia que genera el narcotráfico en nuestros barrios. Había luchado desde niña contra la adversidad. Era ella otra historia más de la mujer que enfrenta sola la crianza de sus hijos, con todo lo que significa. Aún así, logró que casi todos obtuvieran títulos universitarios o técnicos. Hizo su aporte a la Patria. Tuvo siete hijas y un varón, Amaury. Seguir leyendo

Es sólo que Freddy se nos mete más adentro

Por Nelson Marte, periodista, estratega político y mejor amigo.

 

No los convocó el Estado, no los llamaron los partidos.
No les ofrecieron dádivas, ni cherchas. No los presionaron.
Ni les informaron oficialmente de la caminata última
a lo largo de la vera del azul Caribe que tanto amó.

Detuvieron el afán por ganarse algún mal peso.
Estacionaron la yipeta tirando el saco sobre el asiento.
Hicieron esperar a su lujuria de amantes furtivos.
Echaron al aire el temor de apretujarse “en los tiempos del cólera”.

No les importó que sus peinados y su cachet se estrujaran.
Los niños no entendían “el reperpero”, habría dicho El Gordo.
Ellos, todos ellos, con el sol y el cielo por testigos
pelearon su espacio para extender la mano hacia Freddy
que volaba con toda su humanidad por Las Américas.

Nada del otro mundo. Es sólo que Freddy camina con la muerte,
se le ríe a carcajadas mientras le abre sus brazos buenos
con ese divertido gesto suyo, desafiante y amigo,
que fue sello de su compromiso con la vida.

Es sólo que Freddy se nos mete más adentro,
y se queda para siempre entre nosotros

¡En Abril está la respuesta!

Abril, 24/28 de abril de 1965, una fecha que deberá permanecer grabada en piedra en la memoria del pueblo dominicano. Porque es un recuerdo de que este pueblo ha sabido colocarse a las alturas de las circunstancias en diversos episodios en que dominicanos “sin juicio y sin corazón”, armados de la traición y el engaño, conspiraron contra la salud de la Patria. Seguir leyendo

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