¡Amayita, la chiquita… la chiquita de papá..! Cuando era muchacho me gustaba caminar en solitario por los senderos de los mon¬tes a veces frescos y otras calurosos de Los Arroces. Me servían esas caminatas para soñar, para meditar y para darle forma al futuro que anhelaba. Entre esas reflexiones y tomas de decisiones estaba la composición de mi familia. Me decía que casaría una sóla vez (¡y me he divorciado dos!), que haría todo de manera que con quien me casara fuera mi eterna compañera. Pero lo que ahora más me extraña es que a esa edad, entre los 9 y los 13 años, quería tener dos hijos, sí, DOS HIJOS (¡y tengo dos hijos y TRES HIJAS!).
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