Por Nelson Marte, periodista, estratega político y mejor amigo.

 

No los convocó el Estado, no los llamaron los partidos.
No les ofrecieron dádivas, ni cherchas. No los presionaron.
Ni les informaron oficialmente de la caminata última
a lo largo de la vera del azul Caribe que tanto amó.

Detuvieron el afán por ganarse algún mal peso.
Estacionaron la yipeta tirando el saco sobre el asiento.
Hicieron esperar a su lujuria de amantes furtivos.
Echaron al aire el temor de apretujarse “en los tiempos del cólera”.

No les importó que sus peinados y su cachet se estrujaran.
Los niños no entendían “el reperpero”, habría dicho El Gordo.
Ellos, todos ellos, con el sol y el cielo por testigos
pelearon su espacio para extender la mano hacia Freddy
que volaba con toda su humanidad por Las Américas.

Nada del otro mundo. Es sólo que Freddy camina con la muerte,
se le ríe a carcajadas mientras le abre sus brazos buenos
con ese divertido gesto suyo, desafiante y amigo,
que fue sello de su compromiso con la vida.

Es sólo que Freddy se nos mete más adentro,
y se queda para siempre entre nosotros

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