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La caja de los truenos

Blog personal de Yoni Cruz

mes

agosto 2008

Enriquillo, entre garabatos milagrosos y jirones del alma

Enriquillo, su hija ..., mi hija Yasmill y yo, una tarde en el parque de San Pedro de Macoris, en una de las últimas visitas que hizo el poeta fuera de la ciudad. (Foto José Andrés de Los Santos).
Enriquillo, su hija Mariana y la mía, Yasmill, una tarde en el parque de San Pedro de Macorís, en una de las últimas visitas fuera de la ciudad que hizo el poeta meses antes de que falleciera. (Foto José Andrés de Los Santos).
El presente texto lo he publicado en Listín Diario el pasado 8 de agosto. El 13 de julio en curso se cumplieron 4 años de la partida a destiempo del laureado poeta, narrador y articulista. Este 25 de agosto se cumplen 61 de su nacimiento. En su memoria publicamos un poema y algunos fragmentos inéditos. Los poemas no se habían publicado hasta entonces, y esperamos que se publiquen en un libro próximamente.

Santo Domingo.- Agosto trae el calor, el olor del mar y a Enriquillo Sánchez, el Poeta… y la palabra. Una llamada telefónica a doña Evangelina, la madre, la venerada madre, abre las puertas al Enriquillo vivo, al corazón latente del poeta precoz, y la dulzura de la mujer nos provoca hurgar en las sombras suaves donde habitan los papeles teñidos de palabras por el escritor.

El poeta y escritor Enriquillo Sánchez, en agosto de 1990.

Vamos tras lo desconocido, en busca de un garabato inédito, de un proyecto quizá inconcluso… y entre remembranzas y anécdotas doña Evangelina nos entrega un “pequeño jirón de su alma”, unos manuscritos que el hijo poeta le había confiado hace ya más de dos décadas: un poema dedicado a Christy, su esposa, y un cuaderno que contiene los versos de “El albañil celeste”. Poemas que viven entre la intimidad de las manos amorosas de la madre, que los conserva y los atesora.
Me confía ella el legajo de papeles y corro rápido a transcribirlos, a asesinar el anonimato.

Enriquillo tenía la capacidad de embadurnarse de las cosas simples, manosearlas y convertirlas en poesía, en narraciones hermosas. Para él “cumbanchear”, pasarla en un bar de mala muerte, entre ron y bullicio desenfrenado de parroquianos borrachos, era tan inspirador como leer a Walt Whitman, a Sartre o a Sócrates. Disfrutaba el mar, el mar y su entorno. Comer en la carretera, comer en casa ajena, quizá explorando sabores y olores que eran materia prima de su expresión literaria. Seguir leyendo “Enriquillo, entre garabatos milagrosos y jirones del alma”

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Masipedro… ahora sólo quedan macos [II]

A la vista de todo el mundo, los camiones son llenados con arena sacada del lecho del río. (foto Tony Brito)

“Al día de hoy, el orgulloso Masipedro y el caudaloso Yuna son dos “cañitos” de agua tibia, moribundos; no existen peces, ni jaibas, ni camarones, ni aves ni nada, sólo macos y moscas”.

[Segunda parte]

Como pasa con la mayoría de los recursos naturales en nuestro país, Masipedro empezó a sufrir el embate desmesurado de la inconciencia y la avaricia. Para 1975 la práctica criminal de usar productos químicos para atrapar peces, causaba la muerte de miles de especímenes río abajo. Los dueños de reguíos o fincas de arroz le sacaban mucha agua al río, y luego le devolvían una parte contaminada con sus pesticidas, dañando seriamente la salud del afluente y su fauna. También se instalaron a su vera algunas granjas para cerdos o vacas y los desperdicios eran echados al agua. Habían otros hombres más ambisiosos que cerraban con alambre de púa parte del cauce, con la suerte de que casi siempre hacía una crecida días después y destruía las alambradas. Papá decía “es que el dueño del río es el río”.
Otro fenómeno que empezó a diezmar al Masipedro fue la llegada de camiones volteos que empezaban a sacar arena del mismo lecho del río. Pronto vinieron las palas mecánicas, y más adelante se instalaron dos plantas procesadoras de arena y otros derivados. Ya no se conformaban con robar la arena, también sacaban las piedras y las reducían en las “sarandas”, poderosas máquinas que molían y clasificaban las piedras para fines de construcción. Seguir leyendo “Masipedro… ahora sólo quedan macos [II]”

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