Hay momentos en los que siento repulsión de compartir mi condición de miembro de la especie humana con seres que carecen de toda sensibilidad y tienen como alma una masa mezcla de vidrio molido con veneno y retama. Cuando era descalzo y feliz recuerdo que miraba en la Posada Cibaeña cómo sacrificaban los cerdos para luego venderlos al público que los degustaba ya fuese en chicarrones, puerco asado o frituras diversas. Les asestaban una estocada en el corazón. El cerdo moría en minutos, no sin antes tener una agonía espantosa y a todas luces dolorosa. La verdad es que siempre me atormentaba el grito casi humano de ellos cuando eran apuñalados. Uno convive desde pequeño con esa realidad. Pero hay hechos en que el hombre trasciende la necesidad de matar para sobrevivir y se convierte en vulgar asesino y descarado torturador.

Hace un tiempo tomé del blog de un profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo la imagen de un extraño animal que estaba muerto a la orilla de la calle. No tenía piel y aparentaba ser una mezcla de rata y perro. Afirmaba este profesor (que desde entonces pasó a ser para mi un charlatán) que había aparecido en un baño de la Facultad de Economía de esa academia, y que había sido eliminado por trabajadores. Pero luego alguien escribió y me dijo que era el cuerpo de un mapache al que le habían quitado su piel, vivo, para confeccionar vestidos. Me dejó un sabor triste la aclaración, pues hubiera preferido el que animal en cuestión fuese “un extraño animal de otra galaxia”, o un nuevo espécimen.

Hace unos días he recibido un correo que me envía a un portal de la Peta (People for the Ethical Treatment of Animals) en que se denuncia la forma brutal en que le es arrancada la piel a centenares de mapaches y otros animales de pelaje exótico, con el fin de exportar a Estados Unidos y allí utilizarla para la confección de lujosos abrigos, mismos que serán exhibidos sin pudor por los ricos de este país.

Se necesita ser un depravado para torturar de esta manera a un indefenso animal y aún más enfermo para vestir esa piel con el orgullo que les produce el haber pagado lujosas cantidades de dólares.

A continuación, una traducción en donde se narra los pormenores del crimen espantoso que cometen estos seres de los cuales todos debemos sentirnos avergonzados de que pertenezcan a la raza humana:

Una Vida Entera en una Jaula

Los animales que son criados para convertirse en el abrigo de alguien, pasan sus días expuestos a los elementos en hileras tras hileras de jaulas infecundas y forradas de orina y heces. Las investigaciones han encontrado animales con horribles lesiones y sin atención médica, y a los zorros y armiños enloquecidos por su cautiverio, caminando en círculos incesantemente.

Los armiños, zorros, chinchillas, mapaches y otros animales en las granjas de pieles pasan su vida entera encerrados en pequeñas y sucias jaulas, caminando en círculos o de un lado a otro constantemente debido al estrés y al aburrimiento. Algunos animales hasta se mutilan a sí mismos o se comen a sus compañeros de jaula. A los zorros las tienen en jaulas que miden sólo 2.5 pies cuadrados, con uno y hasta cuatro animales por jaula. Los armiños y otras especies generalmente están en una jaula que miden sólo 1 por 3 pies, e igualmente con hasta cuatro animales por jaula. Las condiciones de extrema superpoblación y confinamiento son especialmente angustiosas para los animales solitarios como los armiños.

Durante el verano, cientos de miles de animales soportan un calor sofocante y sufren mareos y vómitos antes de morir por un shock térmico. Las crías son las víctimas más comunes, ya que sucumben más rápido a la deshidratación. En el invierno, los animales encerrados no tienen dónde buscar refugio para escapar de temperaturas heladas, lluvia, aguanieve, y nieve.

Ninguna ley federal protege a los animales en las granjas de pieles. Los granjeros con frecuencia matan a los animales por medio de electrocución anal o genital, lo que les causa que sufran el intenso dolor de un ataque al corazón cuando todavía están completamente conscientes. Otros métodos de sacrificio incluyen romperles los cuellos y ahogarlos. Algunos animales sólo quedan sin sentido y son despellejados vivos.

PETA ha llevado a cabo investigaciones clandestinas en numerosas ocasiones para documentar la crueldad de las granjas de pieles de primera mano. Haz “clic” aquí para saber más acerca de nuestras investigaciones de las granjas de pieles.

A continuación les dejo el enlace para que miren el video que fue filmado de manera clandestina y en el cual aparecen los obreros de la granja maltrando y torturando a estos animales. Les advierto que son escenas desgarradoras y que hieren la susceptibilidad del más insensible. No invito a nadie a que las vea, pero me mueve el deber moral de publicarlas para que el lector tenga pruebas fehacientes de esta barbaridad.

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