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La caja de los truenos

Blog personal de Yoni Cruz

mes

mayo 2008

Mamá, en el Día de las Madres

Amalia es el nombre primero de mi madre. No podía ser más apropiado, pues su vida toda ha sido un sacerdocio de amor. Carmen es su segundo nombre, y por el que casi todo el que la conoce le llama. Carmen para mí es como música. Nació en las montañas de La Sierra, en Jánico, y ya a los cuatro años empezaba su vida de servicio a los demás. El abuso de gente que se “la pedía prestada” a mi abuela, no fue suficiente como para que ella prodigara tanto amor por el prójimo.

De niño lo único que le escuché quejarse fue de las “pelas” que un desalmado y maldito abusador le dio cuando era una chiquita de menos de 7 años, como aquella que le pegó porque, a esa edad, fue enviada en una oscura noche a enchiquerar un becerro (apartar el ternero de su madre y encerrarlo en un chiquero) y ella se perdió en el abrevadero, o en otra ocasión en que éste le amarró las manos para quemárselas, con la suerte de que llegó un compadre del despiadado tutor y le hizo desistir de su macabra idea, advirtiéndole que si hacía eso iba a caer preso.

De lo otro que siempre se ha quejado es de que nunca le dejaron estudiar. Se alfabetizó en menos de tres meses, la única vez que fue enviada a la escuela. En ese breve tiempo aprendió a escribir y lo básico de matemáticas. Pero la ama, desde que sintió que esos estudios le quitaban tiempo a la pequeña Amalia para realizar sus oficios, la retiró, para ya nunca volver a recibir docencia. Seguir leyendo “Mamá, en el Día de las Madres”

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La vergüenza de ser humano como algunos

Hay momentos en los que siento repulsión de compartir mi condición de miembro de la especie humana con seres que carecen de toda sensibilidad y tienen como alma una masa mezcla de vidrio molido con veneno y retama. Cuando era descalzo y feliz recuerdo que miraba en la Posada Cibaeña cómo sacrificaban los cerdos para luego venderlos al público que los degustaba ya fuese en chicarrones, puerco asado o frituras diversas. Les asestaban una estocada en el corazón. El cerdo moría en minutos, no sin antes tener una agonía espantosa y a todas luces dolorosa. La verdad es que siempre me atormentaba el grito casi humano de ellos cuando eran apuñalados. Uno convive desde pequeño con esa realidad. Pero hay hechos en que el hombre trasciende la necesidad de matar para sobrevivir y se convierte en vulgar asesino y descarado torturador.

Hace un tiempo tomé del blog de un profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo la imagen de un extraño animal que estaba muerto a la orilla de la calle. No tenía piel y aparentaba ser una mezcla de rata y perro. Afirmaba este profesor (que desde entonces pasó a ser para mi un charlatán) que había aparecido en un baño de la Facultad de Economía de esa academia, y que había sido eliminado por trabajadores. Pero luego alguien escribió y me dijo que era el cuerpo de un mapache al que le habían quitado su piel, vivo, para confeccionar vestidos. Me dejó un sabor triste la aclaración, pues hubiera preferido el que animal en cuestión fuese “un extraño animal de otra galaxia”, o un nuevo espécimen. Seguir leyendo “La vergüenza de ser humano como algunos”

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