Lo escuchaba en la radio local y no me lo creía. Se trata de la confesión y “autocrítica” de cuatro ex-funcionarios y ex-perredeístas que habían pasado a apoyar las aspiraciones reeleccionistas del presidente Leonel Fernández. Explicaban las causas por las que habían decidido abandonar su partido: no les prestaban la atención necesaria, tenían contradicción con el método de trabajo del candidato blanco, y accedieron a una propuesta de José Francisco Francisco Peña Guaba, director de Inespre, y de Félix Bautista, director de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, para reunirse con el Presidente, aceptar cargos, pagos de deudas personales, yipetas, contratas y demás bendiciones. Pero como no les cumplieron, entonces se dieron cuenta de que en el Gobierno existe “falta de transparencia en el manejo de los préstamos públicos como el caso Sun Land, el manejo irresponsable de la Presa de Tavera y el enriquecimiento exhibido por algunos funcionarios públicos, así como un incremento en la delincuencia, la pobreza y otras yerbas aromáticas”, por lo cual no podían “formar parte de un gobierno que cierra los ojos ante la situación planteada”.

Asimismo, reconocieron que “cometimos un gran error al negociar con el Gobierno”. ¡Y lo hicieron en público! ¡¡Qué bieeeen!!

Esos funcionarios son, para fines de pool y banca:

Dr. Domingo Porfirio Rojas Nina, secretario de Estado sin Cartera y Asesor del Poder Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos; Dr. Aníbal Sánchez Santos, sub- secretario de Estado de Interior y Policía; Lic. Franklyn Cruz,Cristian Encarnación, sub-director de INAPA; sub- secretario de Interior y Policía.

Hace tiempo que conozco de los tránsfugas políticos, de todos tintes y medio tonos, los que se montan en los carros que tienen más gasolina, es decir, con quien está en el poder, y cuando se agota esa gasolina, entonces saltan al siguiente. Y sé también en base a qué se amarran los acuerdos: posiciones, negocios, contratas, impunidad, y claro, algo de metálico. Pero siempre uno escucha las justificaciones, las alabanzas, las razones piadosas y patrióticas que les motivaron a hacer el “sacrificio” de abandonar su partido y sus “ideales” para apoyar al contrario. Jamás había escuchado un mea culpa en público, nunca los había escuchado confesarse con tal desenfado sobre el modus operandi de los “aliados”.

Lamenté no grabar aquello, porque sé que cuando un día me siente a contarle mis anécdotas a mis futuros nietos, no me creerán, dirán “ahí está de nuevo el abuelo con sus historias fantasiosas”. ¡Aquello era de antología! Había que escucharlos, convertidos en víctimas, pidiendo perdón al país, a su partido, por el error que habían cometido, que el PRD es su partido y que aquello había sido un pleito de familia, por tanto debían recibirlo de nuevo en su casa. ¡Vaya forma! Por un momento me parecían hasta honestos, autocríticos, gente que abandona sus puestos-cheques y da marcha atrás, pero pronto me di cuenta de que ese es el propósito que buscaban, engañar otra vez, pues es ya una cultura electoral el político rana, aquel que salta de rama en rama, en busca de la que le da mayor ventaja para sobrevivir.

Al final de su “autocrítica radial”, no podía aguantar la risa, confieso que no me detuve porque venía por el elevado de la 27 de Febrero y el tapón de las 6 de la tarde me lo impedía. Y ya luego me sentí bien, porque precisamente ese es el tipo de actitud que me justifica para no creer en ningún partido, para no querer ir a votar por nadie, porque con actuaciones como esas, de compra y venta, uno es tomado por tonto útil, pues los ciudadanos electores, también somos víctimas de un doble engaño: por un lado de quien ofrece en pública subasta su apoyo a candidaturas, y por el otro aquellos que tienen los recursos para comprar ese tipo de apoyo, pues quien se vende traiciona a quienes creen en sus argumentos, y los que compran lo hace con la idea hacernos creer que tienen más popularidad que con la que realmente cuentan.

Cada vez más recuerdo a un periodista amigo que una vez me dijo en los jardines de Listín Diario “Yoni, a esta edad no creo en nadie, ¡¡¡en nadie!!!

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