Amalia es el nombre primero de mi madre. No podía ser más apropiado, pues su vida toda ha sido un sacerdocio de amor. Carmen es su segundo nombre, y por el que casi todo el que la conoce le llama. Carmen para mí es como música. Nació en las montañas de La Sierra, en Jánico, y ya a los cuatro años empezaba su vida de servicio a los demás. El abuso de gente que se “la pedía prestada” a mi abuela, no fue suficiente como para que ella prodigara tanto amor por el prójimo. De niño lo único que le escuché quejarse fue de las “pelas” que un desalmado y maldito abusador le dio cuando era una chiquita de menos de 7 años, como aquella que le pegó porque, a esa edad, fue enviada en una oscura noche a enchiquerar un becerro (apartar el ternero de su madre y encerrarlo en un chiquero) y ella se perdió en el abrevadero, o en otra ocasión en que éste le amarró las manos para quemárselas, con la suerte de que llegó un compadre del despiadado tutor y le hizo desistir de su macabra idea, advirtiéndole que si hacía eso iba a caer preso. De lo otro que siempre se ha quejado es de que nunca le dejaron estudiar. Se alfabetizó en menos de tres meses, la única vez que fue enviada a la escuela. En ese breve tiempo aprendió a escribir y lo básico de matemáticas. Pero la ama, desde que sintió que esos estudios le quitaban tiempo a la pequeña Amalia para realizar sus oficios, la retiró, para ya nunca volver a recibir docencia.
Amalia es una mujer menuda, con el pelo negro como la noche, que apenas hace unos años ha empezado a adornarse de hermosas canas que más bien parecen estrellas fugaces en medio del universo nocturno. Sus ojitos, pequeños, antes muy expresivos y negros, ahora miran marchitados, secuela de un glaucoma que es la única herencia que le dejó su padre. Su frente amplia siempre ha estado erguida y de cara al sol, llena de sudor y ausente de artificios y colorantes. Su aroma desconoce el Chanel, pero es agradable, suave, como huele el monte en las mañanas. Su boca es refugio de las palabras más dulces y reconfortantes; siempre regala una sonrisa a su interlocutor. Es común escucharle masticar “ay ombe, el pobre…” ante cualquier persona que ella entiende está en desventaja. Sus manos, mágicas, pequeñas y con las huellas de una vida entregada al trabajo duro, sin embargo son suaves y dispuestas a la ternura. Calman el dolor. Con ellas, cada vez que me despide, me dibuja una cruz en el pecho.
Carmen no conoce el rencor. Una vez, hace ya más de 30 años, recuerdo que cerca del mediodía, inexplicablemente, escuchó en la distancia el lamento de una persona que parece sufría algún dolor. Estábamos ella, yo y mi hermanita Juanita. Me dijo “déjame ir a ver quién es que grita así”. La persona que gritaba estaba a más de 500 metros de mi casa, después de cruzar un monte y el río Masipedro. Estaba arando en el terreno pantanoso de un reguío (sembradío de arroz) y su pequeño tractor se volcó y le cayó encima, dejándolo con golpes y aprisionado entre el aparato y el fango. Mamá logró sacarlo de allí, lo cargó como pudo y lo llevó al camino. Buscó ayuda y todo terminó bien. Paradójicamente, ese mismo joven años después le daba unas bofetadas a mi hermana Juana mientras regresábamos de la escuela. Aún así, mi madre volvió a salvarle la vida en otra ocasión.
Doña Carmen es anónima para el escenario carnavalezco de las “damas prestantes de nuestra sociedad”, pero en su comunidad es respetada por todos. Los niños la aman, y he visto a muchos ancianitos huérfanos de la fortuna cifrar sus esperanzas más apremiantes en la bondad que ella brinda. No pertenece a ningún patronato benefactor, pero de sus manos pobres y encallecidas, brota la solidaridad como mariposas en primavera. La he visto tantas veces dividir su plato hasta quedar con casi nada, y repartirlo entre niños o ancianitos hambrientos. Confieso que no me gusta su exagerada bondad, pero he aprendido que ese es el tipo de gesto que necesita el mundo. Cuando era yo descalzo y feliz, la vi tantas veces entregar lo poco que tenía y su rostro siempre se iluminaba de satisfacción. Cuando en mi adolescencia me hice dirigente estudiantil y aprendiz de comunista, ella me cuestionó un día, preocupada, que de dónde caray yo había sacado eso. Le respondí que de ella, de su ejemplo. Y ella calló, mezcla de culpa y de satisfacción.
Mamá nunca ha recibido, ni recibirá, una placa de reconocimiento, mucho menos una Orden al Mérito de esas que dan en Palacios de oropel, pero ayer fui testigo del más autentico y conmovedor homenaje que se le pueda hacer. Una niñita de unos 8 ó 9 años se paró en el marco de la puerta trasera de la cocina y preguntó, con su carita coqueta e inocente “¿dónde está mi amor más bello”. Traía en sus manos un ramito de flores silvestres blancas, amarillas y violetas. Las había recogido en el camino, imagino, para llevarlas de regalo a mamá como forma de agasajarla por ser el Día de las Madres. Mamá, sentada entre todos nosotros, sus cuatro hijos, no escuchó el cuestionamiento de la niñita. Pero ella repitió más fuerte: ¿dónde está la cosita más linda que existe?” Mamá levantó la mirada, pero no podía identificar a la chiquilla, pues su ceguera casi absoluta se lo impedía. Entonces la niña se acercó, la abrazó y mamá pudo reconocerla. Le estampó un tierno beso en la frente. Le entregó las flores, las cuales mamá recibió con entusiasmo. Mamá le pidió que las agregara a las que mis hijos Joan, Yasmill y Ernesto le habían llevado horas antes. Debo reconocer que sentí envidia de la escena. Mis ojos se humedecieron por la emoción del espontáneo acto. Yo no había tenido la capacidad de brindarle tan hermoso reconocimiento. Y ahí comprendí que esa niñita representaba a todos los demás niños y personas de Los Arroces que de algún modo han recibido el amor y apoyo que mamá les ha brindado en todos estos años.
Regresé a Santo Domingo con la imagen en mi cabeza de aquel gesto, y con gran orgullo de ser hijo de un ser humano tan especial como mamá, Amalia del Carmen.
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Tierno y conmovedor relato. Su sola sencillez es elocuente. Te felicito porque Dios te ha dado una madre amorosa, solidaria y ejemplar que, con el solo gesto de ayudar, te ha ofrecido la gran enseñanza de la vida: nacimos , como dispuso Dios, para convertirnos en seres de amor y para ayudar a los demàs. Tu mamà no necesita de pergaminos ni de medallas, porque el gran premio se lo dio el Señor con un corazòn bondadoso, tan ancho y profundo como el mundo, y con una familia de hombres y mujeres serios. Te felicito, Yoni, por darnos esta hermosa nota del Dìa de las Madres. Y sin conocer a doña Amalia, le digo tambièn desde aquì¨?Dònde està el amor mas bello? y le brindo las flores mas bellas que se cultivan en nuestro corazòn.
Miguel
Johnny hermoso mensaje de un hijo bondadoso heredado de tu madre, pues pienso que tú progenitora es una heroina de las tantas que abundan en República Dominicana que como dice el señor Franjul no necesitan de pergamino ni medallas.
Doña Amalia es un ejemplo para que las generaciones de damas y por que no de los caballeros demos amor a los demás para cumplir con uno de los mandamientos de la ley de Dios “Amar al prójimo como a ti mismo”.
Felicidades a Doña Amalia y que Jesús le de muchos años de vida.
Johnny.
Felicidades, creo que tantas de tus grandes cualidades las heredaste sin duda de tu madre, de quien no tengo el inmerecido privilegio de conocerla, pero al conocerte, creo que doy un pequeño atisvo a su gran persona.
Gracias, Animo y adelante!!!
Ricardo Mancipe (Colombia)
Su mamá cumplió su cometido en esta Tierra si ha criado un hijo tan sensible y bondadoso como usted. Felicitaciones a ambos.
Yoni, la verdad que yo tambien sentí una enorme
nostalgia y se me humedecieron los ojos al ver tu
foto y la de doña Carmen, y más aún al leer tu humilde descripción de las cualidades de tu madre, la cual siempre ha recibido de nosotros mucho respeto y amor, por su amor al trabajo y su dedicación para brindarle a sus hijos por lo menos
lo indispensable para que puedan vivir una vida digna. Ya la recuerdo con sus preocupaciones cuando en tiempos difíciles y de grandes represiones
contra la juventud asotaban a nuestra patria querida,
pensando en lo que nos podía pasar por nuesto
compromiso con los más sanos intereses de nuestro
país.
Yoni, tu mamá ha recibido y recibirá muchas placas y reconocimientos verdaderos de esos que salen del alma y de lo más profundo del corazón de una inmesidad de personas como la niña que tú haces referencia, porque doña Carmen ha sido y será siempre ejemplo para todos los que la conocemos en nuestro querido Arroces de Bonao.
Saludos y bendición para ella y tu familia.
Secundino,
Magnolia, Carolina del Norte, EU
Johnny, què orgullo siento de tenerte de amigo, la verdad que me has estrecmecido con lo de la doña, que ademàs es nuestra madre tambièn, como lo es la mìa de tì, porque todas nos protegian en aquellos tiempos que remora secundino, y la verdad que sufrieron las viejas. y fijate que creo que el mejor regalo que le has podido dar es este reconocimiento publico, ellas no nos piden mas de ahi, es màs, ni eso, se conforman con saber que han ejercido como buenas madres y que nos han protegido y cuidado y dado su ejemplo pa que no las hagamos quedar mal y pa ellas tener la satisfacciòn, como sè que la tiene tu madre de decir con tanto orgullo:ESE ES MI HIJO!!!
Tal vez no te habràs dado cuenta jojoc, pero dejame decirte que no dejo de ver esta pagina tuya, y busco y rebusco a ver si has escrito algo nuevo, pa disfrutarlo con la satisfacciòn de saber de la calidad de amigos y hermanos como tù con que cuento.
Tierno y agradable, como escribio otro lector, es tu relato. Todos y todas tenemos historias hermosa y apasionantes que contar sobres nuestras madres, pero hay algunos y algunas cuyas historias son especiales y conmovedoras. La tuya es una de ellas. Dios bendiga a tu madre.
Gracias, en nombre de mi madre y del mio propio, a todos los amigos por sus comentarios y palabras de reconocimiento. Ella pertenece, al igual que las de ustedes, a esa generación de mujeres inmensas, que, en medio de grandes dificultades, lograron hacer de sus hijos e hijas hombres y mujeres de bien, gente que hoy intentamos hacer honor a su esfuerzo y su empeño. Saludos a todos y este reconocimiento no es solo a mamá, es a la de ustedes también.
Que hermoso reportaje,y que bendicion tener una madre asi .Permiteme compararla con la mia , que nos crecio sola porque mi padre murio .Y gracias ha madres como ellas hay familias honorables ,Agradezcamos a Dios ese previlegio.
Genial, Yoni… Orgulloso de ser tu amigo.
Aunque que no tengo el placer de conocer a doña Amalia, sé que no necesita de reconocimientos o placas, ya que usted se las otorga con tan bellas palabras, esas que imagino le expresan ternura y amor al hablar o estar con ella. Dios los bendijo a ambos, a usted por tener la dicha que pocos tienen, porque aunque todos tenemos una madre, no todos podemos tener la suya, y a ella por tener la dicha de formar un hombre de bien, y para una madre no hay bendición más grande que eso. ¡Felicidades!!!
YONI .
Saludos para usted y su amada madre ,yo soy una dominicana, una de tantas que estamos por ahi en algun lugar del mundo, cuando lei su relato le digo me llego al alma y le felicito por su sensibilidad y ter
nura y admiracion por su madre .
Usted es un ejemplo para muchos jovenes que ni
siquiera quieren pedir la bendicion a sus madres el
Senor le bendijo al tener una mami tan linda y amoro
rosa tanto para usted como para los demas ,sabe
tadavia en mi trabajo tenia fresca la imagen de ustedes dos en mi mente con su bello relato le aseguro que han dejado un barril lleno de miel en mi boca, he visto su blog varias veces y lo tengo ya como uno de mis preferidos ,siga adelante y disfrute todo lo
que pueda de ella ,dele abrazos y besos de mi parte
porque aunque no la conozco el amor une a los seres humanos en cualquier lugar del planeta.
Hay bendiciones para los hijos como usted solo espero que las mas ricas y abundantes bendiciones sean derramadas sobre usted y todos los suyos hasta pronto, chaito bay ,bay.
“Dios” en todo lo que representa ese axioma nos ha dado – he dicho “dado”no impuesto- una ley que invariablemente se cumple: el que hace un mal, tarde o temprano pagara por ese mal que a hecho…el que hace un bien, tarde o temprano recibirá su “recompensa” por ello…tengo la total, la absoluta certeza de que tu madre ha vivido mas momentos de Felicidad que de tristeza…y en parte, su felicidad es saberse “Dueña”…de un hijo que la ama mas de lo que la amaron a ella y que jamas hará con sus nietos lo que hicieron con ella.
Como que la senora Amalia no tiene una placa de reconocimiento? tiene la dicha de tener un hijo como tu….un hombre de bien, ya darian muchas mujeres llena de reconocimientos y placas tener esa dicha, que Dios bendiga ese ser tan maravilloso, como humilde…..
Que bonita historia hecha poesia. Que Dios los bendiga a ambos es lo unico que puedo decirle. Necesitamos mas Carmen hoy dia y nuestra sociedad seria diferente.
Yoni, mis ojos se anegaron de lágrimas cuando leía esta estampa sobre tu madre. Ojalál la vida le depare muchos años más para que puedas retribuirle las tantas cosas que deseas para ella.
Hola Jhonny Cruz mi nombre es Rafael Mejia, trabaje 15 años en el Listin en el departamento de Contabilidad (me conoces aunque sea de vista, soy amigo de July Moncion y hermano de Radhames Mejia el pintor), deseo darte mi reconocimiento y las gracias por este emotivo articulo, tambien a mi me hiciste llorar, perdi a mi madre hace 10 años y al tu retratar a la tuya senti que era la mia.
Rafael Crispin Mejia
Hola. Ahora me he convertido en una fiel lectora de tu espacio y al leer la historia de tu mami me parece una vez más que eres un ser lleno de sensibilidad y que la heredaste de ese ser maravilloso de quien tú con tal delicadeza describes. Cuando leí este espacio te juro que más amé a mi madre, porque ella, al igual que la tuya, tuvo una niñez no muy feliz, pero por eso no ha dejado de ser una madre amorosa y compresiva. Que Dios te bendiga a tí y a tu madre ,y un besos a todas las madres del mundo.
Hola querido jhoni espero que dios te vendiga siempre a ti y a tu famiia y que le des larga vida.
Me dio mucha tristeza al leer sobre la vida de tu santa madre, pero asi es la cultura dominicana que hay muchos despiadados que se aprovechan de la inicencia de una pobre nina. Pero nada Dios la ha recopensado con el regalo mas bello que toda madre tenemos que son los hijos, porque debe de ser su orgullo y sigue asi, y qu edios te ilumine siempre. ¨
YOJAIRA ALMONTE (SUIZA)